¿Trabajar más horas para ser más productivos? Estas son las experiencias de otros países

​En España existe una cultura en el mundo de la empresa que cada vez más voces claman por erradicar. Se trata de la cultura del presencialismo, por la que se supone que cuantas más horas se pasa uno en el puesto de trabajo, más productivo es. Sin embargo, a pesar de que nuestro país es de los que más alarga la jornada laboral de Europa (pues lo normal es salir a las 19.00 horas o las 20.00 de la oficina) y que de media se registran 1.691 horas de trabajo anuales, según la OCDE, no es de los más productivos.

En concreto, la productividad relativa media en España es de 99,8 unidades por hora, mientras que en Alemania, que es el paradigma del empleo en Europa, se trabajan 1.371 horas de media cada año y su productividad ronda las 140 unidades por hora, un 26,9% más que la media continental, que está en las 100 unidades (a la que no llega España). 

Este país es el claro ejemplo de que trabajar más horas no se traduce en una mayor productividad, algo que en España está empezando a calar y donde el Gobierno se plantea legislar para que la jornada laboral acabe, como muy tarde, a las 18.00 horas. Pero antes, conviene ver cómo lo están haciendo en otros países para aprender de ellos, y eso es lo que vamos a hacer.

Alemania: a la oficina se va a trabajar

¿Cuántas veces al día hablas con tus compañeros de trabajo de tus cosas personales? ¿O cuántas veces consultas tus redes sociales o tu teléfono? Seguro que si echas la cuenta, te salen bastantes veces. Y si sigues echando cuentas y cronometras el tiempo que empleas en ello, también te darás cuenta de que todo el tiempo que pierdes (y que casi siempre luego tienes que reponer echando horas).

En Alemania eso raras veces sucede, pues los compañeros de trabajo no pierden tiempo hablando de su vida íntima o del último partido de la Bundesliga. Igualmente, en la mayoría de empresas el acceso a las redes sociales está prohibido, así como el uso del teléfono personal en horario laboral. Por otra parte, tienen menos procesos jerárquicos que aquí. Es decir, los empleados consultan las cosas directamente con sus superiores, no con un mando intermedio que luego tiene que tratar con otro mando intermedio...y así hasta llegar a arriba del todo y luego vuelta a empezar para transmitir la respuesta. 

En Alemania se respeta mucho más la vida familiar y, cuando acaba la jornada, acaba. Es muy raro que el trabajador se lleve trabajo a casa o reciba alguna llamada o mensaje de la oficina fuera de su horario. De hecho, se plantean legislar para que no se puedan enviar emails de trabajo más tarde de las 18.00 horas. De este modo, y de los mecanismos tan automatizados de producción que tienen, los alemanes consiguen ser más productivos trabajando menos.

Holanda, felicidad laboral

Es uno de los países más felices del mundo y de los más productivos. Holanda está entre los primeros países del listado de la OCDE y presume de ello sin que sus ciudadanos pasen miles de horas trabajando. Es más, a la semana no llegan ni a 40 horas. De hecho, más de la mitad de la población trabaja a tiempo parcial, según publicó The Economist. Y todo ello, con una remuneración más que digna. Además, muchas empresas tienen reducida la semana laboral a cuatro días. 

Por otro lado, disfrutan de bonificaciones salariales para cubrir sus vacaciones veraniegas que rondan el 8% de su salario bruto anual. De este modo, los holandeses son una de las sociedades que más feliz es en su trabajo, lo que redunda precisamente en empleados más motivados y, por ende, más productivos.

Francia: a más vacaciones, más productividad

El país vecino encierra una curiosa paradoja: es en el que más días libres disfrutan sus ciudadanos, pero es de los más productivos de Europa. Algo que, al otro lado de los Pirineos admiramos. Y mucho. Pero para conseguirlo, han sabido adaptarse a los cambios y hacer de su sistema laboral un engranaje eficiente y cuidado.

Por ejemplo, haciendo grandes inversiones en maquinaria y tecnología, así han logrado mayor productividad, por un lado, y tener más controlados a sus empleados, por otro, gracias a los avances tecnológicos. Además, cuenta con una red de infraestructuras y transporte de primera, con las fábricas situadas en enclaves estratégicos para hacer que las salidas de mercancías sean más ágiles.

Por último, cuentan con empleados top, pues sus universidades son de una gran calidad y preparan a conciencia a los jóvenes. Y cuando estos salen al mercado laboral no se encuentran con un panorama negro como en España, sino que saben que disfrutarán de una remuneración acorde a su formación.

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