Soy joven y no tengo hijos, ¿para qué necesito un seguro de vida?

​En general, los seguros de vida se contratan por personas que tienen cargas familiares, la mayoría de ellas mayor de 40 años y, por tanto, con el deber y la necesidad de garantizar una cobertura y el mayor bienestar posible para los suyos. Las personas jóvenes, sin embargo, rara vez se preocupan por lo que les deparará el futuro, y mucho menos si no tienen hijos o personas a las que proteger.

Sin embargo, ser joven no es excusa para no pensar en contratar un seguro de vida. Bien es cierto que la mayoría de personas con una edad menor a los 35 años tiene un salario que, en la mayoría de ocasiones, no es suficiente como para afrontar el coste que supone la contratación de un seguro de vida; sin embargo, nada impide que vayamos pensando en nuestro futuro, y ello puede pasar por informarse sobre las coberturas que nos proporcionan los seguros de vida.

No seremos jóvenes toda nuestra vida

Queramos o no, todos dejaremos de ser jóvenes en un futuro más o menos próximo. Es ley de vida. Y conforme crezcamos, estaremos obligados a asumir cada vez más responsabilidades, tanto a nivel personal y familiar como a nivel profesional. Y cuanto antes contratemos un seguro de vida, más barato será.

Hay que tener presente que cuanto más joven seamos, más deporte practiquemos y menos hábitos insanos tengamos, más barato será nuestro seguro de vida puesto que también menor es el riesgo de que suframos alguna enfermedad que nos provoque la muerte o algún tipo de invalidez. Por ello, el coste para nuestro bolsillo de hacerlo ahora en lugar de dejarlo para más adelante será, desde luego, bastante menor.

¿Hay alguien que puede sufrir tu pérdida?

Pese a que los hijos son los que más sufrirán tu pérdida en caso de fallecimiento, existen muchas personas que son también muy importantes en tu vida. Por ejemplo, tus padres, tus hermanos o tu pareja, las personas que te han criado y te han cuidado durante todo este tiempo. Y no sólo desde el punto de vista sentimental, sino que puede que hasta desde el punto de vista económico.

Hay que considerar quién deberá hacerse cargo de nuestras deudas en las tarjetas de crédito, préstamos y otras obligaciones pendientes de pago. Por ejemplo, en un régimen de gananciales, será nuestro cónyuge quien deberá responder de aquellos compromisos contraídos por ambos. Si uno de los dos fallece (o sufre algún tipo de invalidez que le impida trabajar), los ingresos se reducen a la mitad y, por tanto, el pago de las deudas será más difícil que nunca.

Juventud, divino tesoro

Las personas jóvenes cuentan con una vitalidad y una fortaleza que las hacen ser prácticamente inmunes ante cualquier imprevisto. Sin embargo, esa misma vitalidad y esas ganas de comerse el mundo acaban siendo también la causa de accidentes imprevistos que pueden resultar fatales como consecuencia de la práctica de deportes de riesgo y viajes a entornos exóticos.

En la actualidad, los seguros de vida cuentan con coberturas ampliadas para jóvenes y un coste que, en la mayoría de los casos, es asumible por una persona con unos ingresos normales. Porque ser joven y asegurar el bienestar de nuestra familia en el futuro pueden ser dos conceptos no contrapuestos.

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