¿Qué relación tienen las rebajas en el supermercado con la bolsa?

Aunque parezca contradictorio, cuando operamos en bolsa estamos continuamente condicionados por nuestros sentimientos. No en vano, las fases de euforia y pánico son muy habituales en los medios de comunicación y entre los inversores, al hablar de movimientos a la baja y al alza de los mercados, respectivamente.

Esta forma de actuar, muy simple y a menudo irracional, es en​​ realidad más compleja de lo que puede parecer. Tan solo tenemos que pensar en la cantidad de decisiones que tomamos cuando vamos al supermercado o a la hora de comprar cualquier producto, y aplicarlo al complejo mundo bursátil. Nada es caro o barato per setodo depende con la óptica con la que se mire

Nuestra percepción sobre los precios

La mayor parte de inversores suelen toman sus decisiones sobre la compra o la venta de un determinado valor basándose en el precio que haya tenido los días o semanas anteriores. Así, si por ejemplo un valor viene cayendo en las últimas sesiones de manera sostenida, es posible que el inversor compre porque está más barato, mientras que si su precio sube por encima de su nivel de compra, lo más probable es que ese inversor venda si ha obtenido una rentabilidad acorde con sus expectativas.

Sin embargo, existen nume​rosas ocas​iones en las que, a pesar de una bajada bastante sostenida del precio de un valor, no se producen compras generalizadas. Esto es debido a que los inversores piensan que ese valor va ​a seguir cayendo en sesiones sucesivas, y esperan un momento más idóneo para comprar, donde obtengan un beneficio mayor.

¿A qué nos suena esto? Efectivamente: a las rebajas. Si bien existe un nutrido grupo de personas que abarrotan los centros comerciales y las tiendas los primeros días, existen muchas otras personas que esperan a las segundas rebajas para obtener el producto con un descuento todavía mayor.

¿Caro o barato? Todo depende del prisma desde el que se mire

Existen diversos estudios y análisis de conducta del consumidor que demuestran que nuestra percepción de los precios y del valor depende, en buena medida, de nuestro condicionamiento previo. Si nos ofrecen algo gratis y al día siguiente nos lo venden por dos euros, pensaremos que es caro, mientras que si, para el mismo producto, su precio ayer fue de cinco euros, pensaremos que es barato si nos lo bajan a dos, por mucho que su valor sea incluso menor a esa cantidad.

En bolsa, más que en el precio, la mayoría de gente se fija en la evolución del valor, es decir, en si ha terminado la sesión en verde o en rojo para tomar una decisión de inversión, sin fijarnos en si su verdadero valor es mayor o menor a esa cantidad. Esta conducta puede provocar pérdidas si no conocemos el verdadero valor de lo que estamos comprando.

El orgullo, un elemento clave en bolsa 

Si hay un sentimiento que está presente por encima de todos los demás en bolsa, ese es, posiblemente, el del orgullo. Muchos inversores, en especial los más noveles, tienden a mantener en su cartera acciones que les están dando malos resultados con la esperanza de que su valor aumente en el futuro. Mientras no se venda la inversión, no se materializarán las pérdidas, lo que acaba convirtiéndose en una bola de nieve que provoca mayores pérdidas en el futuro.

En muchas ocasiones, no solo no corregimos este error si no que, además, acabamos comprando más acciones porque ahora están más baratas, y un posterior impulso alcista podría aumentar nuestros beneficios. Este comportamiento obedece más bien a una conducta orgullosa por nuestra parte que a una estrategia de inversión coherente.

Se trata de un error muy presente en las estrategias militares. La historia está llena de batallas en las que un general lanza a sus soldados contra el enemigo y, por un error táctico, pierde más soldados de los previstos. Aun así, empecinado en la victoria, decide enviar más tropas a combatir por el mero hecho de no reconocer el error.

El efecto House Money: ¿tiene que ver la bolsa con el casino?

Son muchas las personas que asocian, de manera errónea, la bolsa con un casino, en el que una persona apuesta una cierta cantidad de dinero y el azar decide si obtiene beneficios o pérdidas. En realidad, si bien existen técnicas de inversión que permiten anticiparnos a los movimientos de los mercados (lo que indica que no tiene que ver en absoluto con el azar), la bolsa tiene un componente similar al de los jugadores de casino, al menos en lo que a psicología del inversor se refiere.

Esta teoría responde al comportamiento general que numerosos estudios observan con respecto a los jugadores de casino, que suelen apostar de forma más imprudente con el dinero ganado en el juego que con el dinero que traían de casa. Un inversor que ha tenido suerte en sus inversiones y obtiene beneficios se mostrará mucho más imprudente en sus decisiones de inversión posteriores. Si llegan pérdidas, estas no se considerarán como tales, sino como menores beneficios.​

En definitiva, el comportamiento del inversor obedece a una conducta que, generalmente, se puede aplicar en algún ámbito concreto de nuestro día a día: cuando compramos, cuando jugamos en un casino y, por supuesto, cuando ahorramos​.​

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