¿Por qué 9,99 y no 10 euros? Así encandilan las empresas con sus precios psicológicos

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​Lo hemos visto miles de veces y todavía seguimos cayendo. Etiquetas con precios del tipo 9,99 euros, 29,99 euros, 34,99 euros, 49, 99 euros, y así sucesivamente. El 99 (también el 9,90 u otros que no llega al número redondo) supone la barrera que muchos comercios y tiendas marcan entre una cantidad u otra, a pesar de que en el bolsillo de los compradores la diferencia entre una y otra es inapreciable, de solo un céntimo. Esta es la estrategia de marketing de los precios psicológicos, una táctica utilizada por los comercios para incrementar sus ventas sin asumir mayores costes.

Este tipo de fijación de precios intenta engañar al subconsciente para que perciba que el producto está a un precio más bajo, con el objetivo de que el consumidor acabe comprando más. Huye del redondeo y tira de decimales para que el consumidor se haga a la idea de que es más barato algo a 9,99 -e incluso 9,98- que a 10. Esta técnica es ampliamente utilizada por todo tipo de comercios y tiendas, aunque su época de pleno apogeo fue la década de los 60 del siglo anterior, cuando un estudio determinó que en Estados Unidos el 60% de los precios acababan en 9.

En los últimos años, este tipo de prácticas de fijación de precios ya no seducen tanto como antaño, ya que los consumidores están mucho más informados. Sin embargo, todavía son muchos los consumidores que siguen ‘picando’, más que nada porque el cerebro ve lo que realmente quiere ver y cuando ve un 99 o similar procesa que se trata de una oferta o rebaja, y se lanza a por ella en picado.

Pero…¿realmente hacen que el consumidor ahorre?

Evidentemente, si alguien compra un producto, el que sea, cuya terminación sea 99 o similar, no habrá apenas ninguna diferencia respecto al número inmediatamente superior. Habría que comprar cientos o miles de productos acabados en 99 para percibir un ahorro respecto a esos mismos productos redondeados al precio superior.

Pero este no es el caso del común de los mortales, que cuando vamos al supermercado o a una tienda de ropa adquirimos varios productos, pero no la tienda entera. Por ello, objetivamente, por supuesto que se produce un ahorro, pero con un impacto poco significativo en la economía personal de cada consumidor. Tener cuatro o cinco céntimos más en el bolsillo no genera un ahorro importante.

Por lo tanto, los consumidores deben andar con cuidado con este tipo de precios, pues en la mayoría de los casos no buscan que ellos ahorren, sino que el comercio venda más y, por ende, gane más. Es fundamental que los consumidores conozcan bien estas técnicas porque, si de verdad quieren ahorrar, hay promociones u ofertas que realmente les pueden servir, pero no este tipo de precios.

Muchas veces, las promociones de 2x1 o similares permiten a los hogares un mayor ahorro que las que se basan en precios psicológicos. Por ello, a la hora de llenar el carrito de la compra o renovar el armario, es conveniente conocer de antemano estas técnicas de marketing, pues ayudarán a comprar más con la cabeza -y el bolsillo- y menos con el corazón.

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