Mi dinero, ¿está ahorrado o está invertido?

Desde bien pequeños, nuestras abuelas nos enseñaron e insistieron continuamente en las razones por las que debíamos ahorrar, de las virtudes que tenía disponer de un dinero siempre aparcado para futuros imprevistos y de la razón por la cual ellas siempre actuaron de una forma responsable y ahorradora. Desde luego, el ahorro es un elemento importante de nuestra vida diaria. Si no hubiéramos seguido los consejos de nuestras abuelas, posiblemente no nos hubiésemos podido permitir ciertos caprichos.

Si es importante ahorrar, tanto o más es invertir nuestro dinero. A pesar de que ambos conceptos se utilizan de manera indistinta para referirnos a lo mismo, a acumular una parte de nuestros ingresos, el segundo va más allá que el primero, puesto que ofrece un rendimiento superior al poner a trabajar nuestro dinero para conseguirla ansiada rentabilidad. Pero, ¿cómo sé si mi dinero está ahorrado o está invertido?

Tengo mi dinero debajo del colchón, ¿es una buena idea?

En tiempos pretéritos, nuestros antepasados guardaban buena parte de su dinero debajo del colchón como forma de ahorro para evitar robos además de que existía cierta desconfianza hacia los bancos. En realidad, se trata de un símil muy utilizado para hacer referencia a aquellas personas que ahorran su dinero de forma líquida en una cuenta corriente o en billetes y monedas dentro de una hucha.

Sin embargo, ¿se puede decir que estemos ahorrando el dinero de esta forma? Es cierto que convendría que todo el mundo mantuviese  un cierto colchón de seguridad por si llega algún gasto imprevisto, pero esta forma de acumulación acaba produciendo el efecto contrario: una merma en la capacidad adquisitiva del dinero que mantenemos ocioso por culpa de un enemigo invisible: la inflación.

En la actualidad, existen numerosos instrumentos financieros que sirven para evitar esa pérdida del poder adquisitivo del dinero, como las cuentas remuneradas o los depósitos a plazo fijo inferior a un año los cuales, además, nos proporcionan disponibilidad casi absoluta de nuestro dinero. Se trata de casos paradigmáticos que nos indican que nuestro dinero está ahorrado ya que, por el momento, no está trabajando para generar rendimientos superiores al de la inflación y, además, está seguro.

Y entonces, ¿cuándo pasa a ser dinero invertido?

El ahorro es el paso previo a la inversión. Sin ahorro, definido como la renuncia a la utilización inmediata del dinero para consumir o comprar cosas, la inversión no puede existir. Si todo el dinero que tenemos disponible lo destinamos a consumir y comprar zapatos, ropa, coches, etc., nunca podríamos invertir.

Y hablar de inversión es hablar de asumir un cierto riesgo aunque, eso sí, con la esperanza de obtener un cierto rendimiento por nuestro dinero. Significa renunciar a la disponibilidad de buena parte de nuestros ahorros durante un tiempo determinado y diferente en función del tipo de inversor que estemos considerando.

Pasar del ahorro a la inversión implica pasar de un estado de liquidez a un estado de capitalización. En el momento en el que utilizamos nuestro dinero simplemente para contratar un depósito a plazo fijo de dos años al 1% TAE, estaremos dando los primeros pasos de todo inversor aunque, eso sí, todavía andaremos a gatas.

Y en este campo de la inversión, el abanico de posibilidades es inmenso, por no decir casi interminable: renta fija o renta variable, acciones o instrumentos derivados, activos nacionales o extranjeros, bonos soberanos u obligaciones corporativas… Cada uno de ellos pensado para un tipo de inversor diferente con necesidades de liquidez y objetivos de rentabilidad totalmente diferentes.

Existe, además, una forma alternativa de inversión que consiste en constituir tu propio negocio. Para ello el dinero ahorrado es un elemento necesario, aunque no imprescindible porque siempre podemos recurrir a otros métodos de financiación que, al fin y al cabo, conforma, también, dinero ahorrado por otras personas.

El ahorro como requisito para la inversión

Nuestras abuelas tenían razón, aunque ellas se limitasen a tener el dinero ahorrado por precaución. Sin ahorro, ninguna inversión es posible y, precisamente, estas inversiones son las que garantizan que podamos desarrollarnos como país y seguir adelante. Si tu dinero está ahorrado o está invertido depende de cómo lo hayas utilizado, aunque se trata de dos conceptos que están íntimamente relacionados.