Los seguros de cine: cuando las historias de amor las decide un seguro

​Si el asesino es el mayordomo, el móvil del asesinato es cobrar el seguro de vida. Estas premisas están muy vistas; de hecho, por separado, están más que repetidas en un montón de películas. Lo que no impide que cada vez sea algo distinto e incluso que en pocas ocasiones se hayan juntado ambas, ¿cuándo el mayordomo es el que consta como beneficiario en el seguro de su señor? Ideas aparte para nuevos guiones, El Cartero siempre llama dos veces da una vuelta de tuerca a esa premisa, porque más que el móvil del asesinato, el seguro se convierte en un personaje, en algo así como el testigo sorpresa que llega para desbaratarlo todo, para salvar o condenar a los protagonistas.

La historia, basada en el libro de James M. Cain, es una reflexión sobre el poder destructor de la pasión. Dos personajes, Cora y Frank, interpretados de forma magistral por Jessica Lange y Jack Nicholson en esta película de 1981 dirigida por Bob Rafelson, viven su historia en un restaurante de carretera en plena depresión americana. 

Una historia de amor en la Gran Depresión norteamericana

La época, los años 30, está perfectamente reflejada en la atmósfera algo decadente de la película: un ambiente en el que los personajes no se mueven por el dinero pero lo tienen siempre presente. Cora y Frank quieren escapar, buscar otro lugar en el que empezar de nuevo y, para eso, deciden deshacerse del marido de ella, de Nick. 

Ambos se mueven por la pasión, no piensan ni planean, son personajes primarios que se mueven por impulsos. Es cierto que pretenden quedarse con el restaurante que pertenece a Nick, pero en ningún momento cuentan con la existencia de dos seguros, uno de vida y otro sobre el negocio, moviéndose y actuando totalmente ajenos a ellos, aunque, al final, serán los que determinen su futuro.

Un seguro de vida y otro para cubrir un negocio, todo para liar todo un poco más

En la película, como en otras muchas, el cobro del seguro de vida es el que señala a Cora como la posible asesina de su marido. El dinero le da un móvil para el asesinato, por mucho que ella desconozca su existencia; la razón: Nick la puso a ella como la beneficiaria del seguro. Pero también entra en escena otro seguro, el que Nick había realizado sobre su negocio, y que llega para liarlo todo un poco más. 

El marido griego de Cora contaba con un seguro de vida de 10.000 dólares pero también uno sobre su negocio de 25.000 dólares. Al principio de la película vemos como él negocia con un agente de seguros que le dice que debe ampliar el seguro de su negocio e incluir en él la responsabilidad civil. Así que, cuando el intento de asesinato se consuma en un accidente de tráfico y llega el juicio, entran en escena ambos seguros, cada uno de una compañía distinta, para dar una resolución inesperada.

No vamos a contar el desenlace de la película ni el importante papel que juegan ambos seguros en la sorprendente resolución sobre la inocencia o culpabilidad de los protagonistas; merece la pena verla y descubrirl por nosotros mismos cómo un seguro decide una historia de amor. 

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