¿En qué consiste la deuda corporativa y por qué puede ser una alternativa interesante de inversión?

Diversificar es la palabra que guía (o al menos debería guiar) toda inversión. Esto quiere decir que los inversores deben buscar productos alternativos para repartir sus inversiones y no jugárselo todo a una sola carta. La recuperación económica ha traído consigo una bajada generalizada de los tipos de interés, lo que ha supuesto una caída de la rentabilidad de productos que se venían utilizando tradicionalmente, como los depósitos bancarios, que han ido perdiendo fuelle en beneficio de los fondos de inversión.

Otra opción que ha empezado a decaer por la menor rentabilidad que está dando es la deuda soberana, es decir, la deuda que emiten los estados para financiarse. Durante la crisis, estos bonos soberanos, sobre todo de los países del sur de Europa, tenían rentabilidades del entorno del 6% y el 7%, pero en los últimos años, con la recuperación económica, se han reducido de forma considerable. Pero en este mismo ámbito de la inversión hay otra alternativa que puede resultar atractiva para los inversores y que todavía muchos desconocen: la deuda corporativa.

¿Qué es la deuda corporativa?

La deuda corporativa es la que emiten las propias empresas para financiarse, al igual que hacen los países. Lo hacen a través de la emisión de títulos que cotizan en mercados regulados, los cuales otorgan al inversor el derecho a percibir una rentabilidad una vez concluya el tiempo estipulado –pueden ser mensuales o anuales-, por lo que entran dentro de lo que denominamos renta fija. 

No obstante, dentro de los bonos corporativos hay diferentes tipos dependiendo de la forma de pago. Los simples, en los que se realiza el cobro al vencimiento junto con los intereses; o los emitidos al descuento, que combinan cobros periódicos más el reembolso final. Igualmente, existe otra tipología, la que distingue entre subordinados y convertibles. 

Los primeros son prácticamente iguales que los simples, pero si el emisor entra en suspensión de pagos, los inversores de estos bonos tienen derecho sobre los activos de la empresa por detrás de los acreedores comunes. Por su parte, los convertibles dan la opción de cambiarlos por acciones en una fecha determinada. Además, generan una rentabilidad periódica hasta esa fecha de ‘conversión’.

Por lo tanto, vemos cómo esta es una fórmula mediante la cual las empresas logran financiación por una vía alternativa y los inversores, rentabilidad. No obstante, no está exenta de riegos. Al igual que los países soberanos, la deuda de las empresas tiene un rating, una calificación de riesgo de impago, por lo que a mayor riesgo, mayor rentabilidad; y viceversa.

¿Cómo invertir?

Para invertir en deuda corporativa hay que acudir a los mercados regulados. El procedimiento es el mismo que en el caso de la bolsa. De hecho, la Bolsa de Madrid tiene varios segmentos de mercado dedicados a la renta corporativa.

Por un lado está el AIAF, que es el mercado español de referencia en deuda corporativa y está supervisado igual que el mercado de renta variable. También está el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF), que es el ‘hermano pequeño’ del AIAF (es lo mismo que el MAB para el Ibex), en el que empresas de menor tamaño obtienen financiación mediante la emisión de deuda.

Esta oferta se ha completado con el SEND, el Sistema Electrónico de Negociación de Deuda, que consiste en una plataforma electrónica destinada a la negociación de renta fija empresarial para inversores minoristas, es decir, tu y yo.

De este modo vemos cómo la deuda corporativa tiene una estructura similar a la renta variable, regulada y supervisada y cada vez más accesible para pequeños inversores que buscan diversificar su cartera y obtener un extra de rentabilidad.

En Seguros de Tú a Tú | ¿Qué son los bonos ligados a la inflación?