El scrip dividend, la nueva moda entre las grandes empresas

Tomar una decisión de inversión no es siempre una tarea fácil. Son muchos y muy variados los productos financieros entre los que un ahorrador puede colocar sus ahorros, en función de cuál sea el riesgo que desee asumir y la rentabilidad que desea obtener. En los últimos años, sin embargo, no es suficiente conocer si el producto que estamos valorando comprar es de renta fija o de renta variable, ya que estos instrumentos contienen cada vez más detalles y aspectos que es conveniente conocer en profundidad.

Esto es lo que ocurre precisamente con las acciones. Hasta hace poco tiempo, una persona compraba acciones para adquirir una parte alícuota de la empresa y, de esta manera, poder participar de la distribución de sus beneficios, además de aprovecharse del aumento de su valor y poder obtener una plusvalía con ellas.

Sin embargo, las políticas de distribución de beneficios en las empresas han cambiado a lo largo de los últimos años y, en lugar de pagar el dividendo en efectivo, están comenzando a ofrecer nuevas alternativas como la del scrip dividend, la nueva moda de inversión en grandes empresas.

¿En qué consisten los scrip dividends?

Se trata de una política de distribución de beneficios en la que la empresa, en lugar de remunerar al accionista en efectivo, entrega una cantidad determinada de acciones de la empresa equivalente al valor que tendría el dividendo en metálico, normalmente a través de una ampliación de capital emitiendo nuevas acciones.

Al tratarse de una emisión de nuevas acciones, la empresa deberá resarcir a los antiguos accionistas por la pérdida de valor que la ampliación de capital provocará. Para ello, la sociedad entregará a cada accionista unos derechos de suscripción que le permitirán al accionista o bien acudir a la ampliación o bien venderlos en el mercado y obtener el dividendo en efectivo, tal y como si el accionista lo hubiese cobrado en dinero.

En la mayor parte de ocasiones, las sociedades dan la posibilidad de elegir la forma de cobrar el dividendo, bien en acciones, bien en efectivo o bien vendiendo los derechos de suscripción en el mercado. La elección entre cobrar el dividendo en efectivo o en acciones dependerá de numerosos factores, pero nunca habrá una elección óptima.

Ventajas de cobrar el dividendo en acciones

El scrip dividend tiene ventajas tanto para la sociedad como para el accionista. Para la primera, supone un aumento del capital social de forma rápida y sencilla, ya que se transforma el beneficio del ejercicio para la entidad en acciones de forma directa, aumentando de esta manera su solvencia.

Para los accionistas que quieran aumentar su participación dentro de la sociedad, el scrip dividend les facilita la operativa, ya que no tendrán que acudir al mercado a adquirir nuevas acciones. Por otro lado, recibir acciones en lugar de efectivo tiene un tratamiento fiscal más favorable hasta el 1 de enero de 2017, puesto que no se considera una ganancia patrimonial y, por tanto, no es necesario tributar por ello.

Inconvenientes del scrip dividend

En realidad, en el cobro en acciones no son todo ventajas. Por un lado, porque el momento en el que se reciben las acciones puede no ser el mejor para adquirirlas. Si el valor de las acciones está cayendo en ese momento, quizá sea más conveniente recibir el efectivo para, más adelante, cuando el momento bursátil sea mejor, comprarlas con un valor más rentable.

Además, la entrega del dividendo en acciones es, en la mayoría de las ocasiones, la fórmula por defecto. Esto quiere decir que, a menos que el accionista comunique su intención de recibir el dividendo en efectivo, recibe el dividendo correspondiente en acciones. Sin embargo, pocas son las personas que deciden recibir el dividendo en efectivo por lo que, en la práctica, se trata de una ampliación de capital, con el correspondiente efecto dilución sobre el valor de la acción.

¿Qué es mejor, acciones o efectivo?

Como hemos visto, esta es una pregunta cuya respuesta no es única; depende no solo de las particularidades de cada persona, sino también de cuál sea la evolución de los mercados e, incluso, de la retención fiscal que se aplique sobre los rendimientos. Una fórmula que está de moda y que, posiblemente, no sea del todo conocida para muchos accionistas.​