¿Deberías cambiar tus electrodomésticos? Calcúlalo con la amortización contable

Vivimos en una época en la que los conceptos utilizados por los economistas ocupan gran parte del debate público. Términos que hasta hace poco tiempo nos parecían imposibles de aprender se han convertido en una parte importante de nuestro día a día y ya no podemos imaginar un mundo en el que no existan las primas de riesgo, los déficits o los Presupuestos Generales del Estado.

En cualquier caso, nuestra vida continúa y poca gente siente que los vaivenes en la Bolsa tengan una repercusión directa en su día a día. Será porque nuestro sueldo es el mismo, los precios no suben ni bajan y nuestra casa no se ha movido del sitio. Entonces, ¿qué sentido tiene que los medios hablen día tras día sobre términos que no nos afectan? Pues muy sencillo; por ejemplo, para saber cuándo debemos cambiar nuestros electrodomésticos. ¿Cómo? La amortización contable tiene la respuesta.

¿Para qué se utiliza la amortización?

En finanzas, la amortización es un concepto que se utiliza para repercutir el valor de un activo entre los años que esperamos que se mantenga operativo en la actividad cotidiana de nuestra empresa. Normalmente, su cálculo es sencillo, ya que simplemente consiste en dividir el valor del activo adquirido entre el número de años que prevemos que va a dar un servicio. Esta definición, que posiblemente nos suene a chino, se ve mucho mejor con un ejemplo.

Supongamos que acabamos de adquirir una lavadora por 1.000 euros. Evidentemente, no esperamos que nos dure uno o dos días, ni uno o dos meses, sino varios años (pongamos, por ejemplo, diez años). Sin embargo, a medida que pase el tiempo, el electrodoméstico comenzará a funcionar peor por el evidente desgaste que sufren todos los bienes de carácter duradero.

Si dura menos de lo previsto inicialmente por nosotros (pongamos siete años) y nos vemos obligados a reemplazarlo, posiblemente tengamos la sensación de no haberlo disfrutado lo suficiente en relación al precio que hemos pagado por él. Es decir, no lo habremos amortizado de la forma que nos hubiese gustado. Y es que, casi sin quererlo, habremos realizado un cálculo mental contable sencillo y muy utilizado por las empresas en sus finanzas.

¿Y cómo sé si lo he amortizado?

Continuando con el ejemplo anterior, supongamos que tenemos previsto que el electrodoméstico nos tiene que durar diez años, y esperamos que el servicio proporcionado sea similar durante todo este tiempo. Es decir, cada año repercutimos la misma utilidad: 100 euros (1.000 euros de valor de adquisición entre 10 años).

Pero conforme pase el tiempo, el electrodoméstico puede comenzar a dar algunos problemas e, incluso, puede que deje de funcionar. Es decir, puede que pierda cierto valor con el transcurso del tiempo. En nuestro ejemplo, la lavadora tendrá el siguiente valor en cada uno de los diez años:


Cada uno de los años tiene el mismo gasto en amortización. Y decimos que es un gasto porque es la parte de la lavadora que se deprecia y que, por tanto, es la cuantía que podemos obtener en caso de venderla. Evidentemente, si una lavadora cuesta 2.000 euros y su vida útil es la misma, el gasto en amortización anual es mayor, porque más nos costará año tras año.

Pero continuemos con nuestro ejemplo. Pongamos que el noveno año se rompe una de las piezas de la lavadora, sin la cual no puede funcionar. Nuestro electrodoméstico tiene un valor actual de 100 euros y sabemos que dejará de funcionar el próximo año con independencia de si la arreglamos o no. En cualquier caso, decidimos repararla, con un coste de 200 euros, y dado que la lavadora vuelve a funcionar correctamente, el valor actual aumenta en el valor de la reparación.

Al mismo tiempo, revisamos ofertas de lavadoras en el mercado. Un modelo similar al nuestro cuesta en torno a 1.200 euros, también con una vida útil de 10 años. Es decir, el gasto por amortización al año es de 120 euros para este nuevo modelo. Las cuentas son, por tanto, las siguientes:


Entonces, ¿cuándo tengo que cambiar mis electrodomésticos?

En el caso anterior, de acuerdo con el concepto de amortización contable, conviene comprar una nueva lavadora en lugar de reparar la antigua, por dos motivos fundamentales: porque la vida útil de la nueva lavadora es ocho años mayor y porque el coste de la amortización de la lavadora nueva es menor que el de la lavadora vieja.

Distinta consideración merecería en caso de que la reparación hubiese costado menos de cien euros, ya que la amortización anual sería menor a la compra de una lavadora nueva, o si esta reparación sirviese para alargar la vida útil de la lavadora al menos un año más. En este caso, la reparación sería recomendable en lugar de la compra.

En definitiva, no existe un momento mejor o peor para cambiar nuestros electrodomésticos. Si bien la lógica nos dice que debemos cambiar cualquier elemento de nuestro hogar cuando deja de funcionar, es muy posible que la amortización contable nos diga que, después de unos sencillos cálculos, nuestros bienes se han quedado obsoletos y reemplazarlos por otros nuevos servirá no sólo para disfrutar de productos en mejor estado sino, además, para ahorrar.

En Seguros de Tú a Tú | Según el largo de tu falda, los otros indicadores sobre la economía​​