Cinco malos hábitos alimenticios que nos impiden perder peso, aunque hagamos mucho deporte

​El deporte es un aspecto fundamental para nuestra salud y el control del peso, pero insuficiente si no cuidamos nuestra alimentación. Una dieta no sólo se basa en comer menos; es incluso más importante tener hábitos saludables en qué alimentos consumimos y, sobre todo, cómo lo hacemos. Es decir, si evitas malas costumbres como las que mostramos a continuación, conseguirás controlar mejor tu peso y ganar en salud.


Comer muy rápido

El principal problema de comer demasiado rápido es que suele llevar a comer de más. Si no te tomas el tiempo necesario para las cinco comidas diarias que recomiendan los especialistas, no darás tiempo a tu cuerpo para que se dé cuenta que está saciado. Por eso es necesario, masticar y degustar bien la comida, y hacerlo de forma pausada. Come sentado, no de pie, disfrutarás más de los alimentos e ingerirás menos cantidad.  

Saltarse las comidas

Si crees que al saltarte alguna de las comidas, como especialmente el desayuno, perderás peso, te equivocas. Al revés, estás perjudicando tu salud e incluso ganando kilos. Cuando no comes, el metabolismo se hace más lento y por el hecho de tener más hambre se tiende a comer más y mucho más rápido en la siguiente comida, con el efecto perjudicial que hemos señalado.

Muchos estudios señalan que tanto comer deprisa como saltarse alguna de las cinco ingestas diarias recomendadas, especialmente las tres principales (desayuno, comida y cena), provoca que se acumule grasa en la zona del vientre y eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes.

Comer fuera de forma continuada

Muchas veces, obligados por el trabajo o ritmo de vida, hacemos casi todas las comidas fuera de casa, no controlando lo que comemos y especialmente la forma de cocinar. En muchas ocasiones los menús de los restaurantes se preparan con exceso de grasa, condimentos, harinas y azúcares que pueden ser perjudiciales para nuestro peso.

Procuremos, en la medida de lo posible, sustituirlos por comida traída de casa, mucho más sana en la que controlamos tanto sus ingredientes como su forma de elaboración. Y si comemos fuera, elijamos los productos más sanos y con formas de elaboración sin añadidos como ensaladas o carnes y pescados a la plancha o al vapor.

Consumir bebidas azucaradas

Hidrátate principalmente con agua. El uso habitual de bebidas azucaradas, incluso las etiquetadas como light tienen efectos perjudiciales para la salud y el peso. Por un lado, está demostrado que el consumo de sacarosa está relacionado con la acumulación de grasa ectópica que es responsable de los problemas metabólicos propios de las personas obesas, el aumento de riesgo cardiovascular y de poder desarrollar alguna enfermedad metabólica.

Pero no es lo único; también se relaciona a las bebidas azucaradas con una predisposición a acompañarlas con una dieta más calórica y menos saludable. Por culpa de ello, el efecto del consumo de dichas bebidas sería mayor que el derivado del consumo de las calorías que contienen. Por el contrario, cuando se sustituyen las bebidas azucaradas por otras sin calorías, principalmente agua, se ha comprobado que se produce una reducción significativa de peso al disminuir la acumulación de grasa.

Evitar harinas refinadas

Los productos industriales, basados en azúcares y harinas refinadas son uno de los principales causantes del incremento de peso. A la hora de desarrollar estas harinas blancas, se despoja al cereal del salvado, elemento rico en fibra y de su germen, de alto valor alimentario, que contiene vitaminas, proteínas, minerales y grasas insaturadas, con lo que sólo quedan los hidratos de carbono sin sus micronutrientes.

Esto provoca que si comemos productos basados principalmente en estas harinas (bollería procesada, pan blanco, arroz, pasta y cereales no integrales) se producirá una reacción en forma de liberación de insulina, derivada del alto índice glucémico. También se deja de generar glucagón, otra hormona que se origina en el páncreas, y que se conoce como hormona del ayuno, porque es la que informa a nuestro cuerpo de que no se sienta hambre, lo que nos lleva a comer más de lo necesario.

El resultado es que al producirse en exceso tan rápida liberación de azúcar al cuerpo, este no consigue quemarlo y lo acumula en forma de grasa. Además, generan en nuestro cerebro una repentina sensación de euforia (aumenta la adrenalina y dopamina), que multiplica su consumo en ocasiones futuras.

Por el contrario, las harinas integrales proporcionan energía que se dosifica de manera gradual en el cuerpo. Las calorías que generan se metabolizan en el hígado y son transformadas en glucosa que se distribuye para que nuestro cuerpo la utilice en forma de energía a medida que lo necesite.  

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