Cinco errores financieros que deberías evitar si tienes entre 20 y 30 años

Todos hemos tenido 20 años alguna vez. Nuestra única preocupación era disfrutar de la vida y planificar un futuro mejor para nosotros y nuestra familia, preocupándonos muy por nuestra jubilación o de nuestras finanzas personales, ya que a esas alturas lo veíamos como una necesidad muy alejada y más propia de edades más adultas. Sin embargo, en un contexto como el actual, marcado por la incertidumbre en el sistema de pensiones, no planificar nuestra jubilación desde edades tempranas se ha convertido en uno de los errores financieros más comunes dentro del colectivo de los conocidos como millenials. Pero no es el único; en este post vamos a enumerar varios errores financieros que todos hemos cometido (y se siguen cometiendo) cuando tenemos entre 20 y 30 años.

Hipotecar nuestra vida

A pesar de que los ciudadanos españoles hayan cambiado su mentalidad en cuanto a la compra de vivienda, los errores cometidos en el pasado, especialmente en plena burbuja inmobiliaria a la hora de financiar esta adquisición a través de la firma de una hipoteca, hacen que tengamos que ser lo más cautos y exhaustivos posibles antes de firmar cualquier documento que nos hipoteque de por vida.

Aunque la mayoría de españoles compran su vivienda pasados los 30 años, la veintena es el momento ideal para comenzar a pensar en la planificación de este importante activo. Normalmente, esta planificación pasa por hacer todas las cuentas que sean necesarias para intentar acortar el plazo lo máximo posible, porque, a pesar de que esto aumentará la cuota mensual, pagaremos muchos menos intereses en el momento de su amortización total y evitaremos hipotecarnos de por vida.

Endeudarte para pagar ese viaje que tanto ansías 

La veintena es el momento ideal para adquirir nuevas experiencias. Somos jóvenes, tenemos mucha energía y, lo mejor de todo, ganas de conocer todos los rincones del mundo. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones no disponemos de suficiente ahorro para financiar estos viajes, lo que nos obliga a tener que recurrir, de nuevo, a la deuda.

El problema es que acabaremos pagando bastante más por nuestro viaje. Para un préstamo de 3.000 euros a un año con un tipo de interés de 10% TAE, pagaremos 300 euros, y tendremos que seguir pagando el viaje bastante después de haber disfrutado de la experiencia. En estas circunstancias, convendría posponer el viaje a un momento posterior o bien pedir dinero a nuestros familiares para hacerlo. Evidentemente, este error se aplica también a otros gastos igualmente onerosos, como una boda o la compra de un teléfono móvil o un ordenador portátil.

No comenzar a ahorrar

Visto lo visto, la veintena parece ser la etapa de endeudamiento cuando debería ser la época en la que comencemos a construir nuestro patrimonio futuro. Cuanto antes comencemos a ahorrar, y gracias al poder de la capitalización compuesta, mayor será el fondo que conseguiremos constituir en el futuro.

Así, con un ahorro mensual de 200 euros, podremos llegar a obtener un capital de casi 200.000 euros dentro de 30 años, si invertimos en productos de inversión que nos proporcionen una rentabilidad media de un 6% anual, que es la media de algunos índices bursátiles como el IBEX 35 desde que comenzó a cotizar en 1992.

Pensar que tienes que dejar tus ahorros debajo del colchón

La mayoría de personas suelen ahorrar dejando sus ingresos en una cuenta corriente o en productos con una rentabilidad muy baja. Sin embargo, cuanto más jóvenes seamos, mayor debería ser nuestra tolerancia al riesgo y, por tanto, mayores serán las posibilidades tendremos de obtener una importante rentabilidad en el futuro. Una interesante opción para saber qué porcentaje de activos debes dedicar a renta fija y cuánta a renta variable es la regla de 120, que determina la distribución de activos en función de tu edad. 

Y sí, es verdad, podemos perder todo lo ahorrado. Pero a estas edades, las aportaciones a instrumentos de inversión son bastante pequeñas y las probabilidades de poder resarcirnos en el futuro son bastante mayores que en edades posteriores.

No dedicar recursos a nuestra formación

La formación es una inversión y, por esta razón, no debe verse como un gasto. Todo el aprendizaje que consigamos adquirir en estas etapas de nuestra vida redundará en un mayor bienestar futuro, pues la relación entre formación y salario nominal es y ha sido siempre un hecho. Cuanto mayor sea la capacitación de la persona y su especialización, a mayor sueldo podrá optar en el futuro. Por esta razón, todos los recursos dedicado a la formación son pocos, y quizá sea el único motivo por el que merezca la pena endeudarse en estas edades.

Evidentemente, y aunque estos no son los únicos errores que cometemos al cumplir los 20 años, evitar todos ellos harán que llevemos unas finanzas mucho más desahogadas y, por qué no decirlo, cumplamos nuestros objetivos financieros a corto, medio y, sobre todo, largo plazo.

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